
El abrigo estaba colgado en el lugar de siempre, de color negro, con textura rugosa y de apariencia vieja. La casa repleta de polvo, telarañas, muebles del año 1800 y un reloj al pie de la escalera que anunciaba la hora. De la escalera bajaba una señora de semblante maduro pero bien conservado, sin una zanja en el rostro que delatara sus 152 años. Su nombre madame Marjorie, hija de un reconocido dermatólogo francés que había creado un elixir para la piel perfecta, libre de arrugas. El elixir lo experimentó en Marjorie, sí, borraba las arrugas pero también detenía el envejecimiento. Sin darse cuenta había creado algo extraordinario, para tener vida eterna; Marjorie lo uso a la edad de 36 años en el año de 1858 y el efecto seguía vigente. Ella todas las mañanas bajaba por su escalera vieja, directo a dar clases en la primaria ya llevaba mucho tiempo siendo maestra pero en diferentes partes del mundo; Así no la recordaban en ningún lugar y seguiría viviendo por la eternidad.
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